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Jamón, Puchero, Metro, Andalucía.

marzo 13, 2010

Es momento para una reflexión, momento para un resumen o quizá solo para recordar un viaje que intentaré no olvidar nunca.

Empezó como una idea loca en la cabeza, pero finalmente se materializó sin a penas darme cuenta. No voy a decir que ahora estoy volviendo a la realidad ya que por suerte aquello fue tan real como la morriña que ahora siento al escribir este último post.

Hoy me acordaba de la guapa adolescente que vendía postales y mapas en la costa de Vietnam, hubiera pasado desapercibida si no hubiera tenido problemas mentales, pero los tenía y nos quisimos morir de la pena cuando intentaba pulsar las teclas del ipod para indicarnos cuánto valía el mapa que le compramos. También de la niña laosiana que volvía del colegio andando mientras sus compañeros lo hacían en bicicleta. Y qué hay de la anciana del hotel en Phuket que no vendía nada, vivía en el suelo de aquel vestíbulo mirando la tele sin fin. Que rabia, del vietnamita que nos timó por aparcar la bici en la calle, o del policía corrupto en Cambodia que nos pidió un dólar por llevar las luces encendidas. Mucha gente, muchas casas de huéspedes, muchos hoteles, muchas motos alquiladas y muchos alquiladores de motos, miles de regateos, e infinita sensación de timo.  Palmeras gigantes en Malasia, campos de arroz sin fin en Camboya, cientos de peces de colores,  una mujer alemana casada con un italiano, hablando inglés con acento de Meryl Streep en memorias de África, nadie nos pronunció la isla de Ko Lanta como ella lo hizo.  Y qué decir de la “fully Booked” , la malaya que nos intentó timar repitiendo una y otra vez que todo estaba lleno, es decir, todo estaba fully booked.  Esas holandesas quemándose al sol en la jurásica isla de Tiomán, donde atravesar la selva fue una aventura que repetiría incluso antes de terminar esta frase,  el calor sofocante de Singapur, la angustia en las islas Perhentian porque un inminente monzón llegaría en horas, y la alegría de pisar tierra poniendo fin a  nuestra ansiedad. A mi el chino me taladra la cabeza, me parece de lo más estridente. Llegó el momento de aborrecer la comida asiática, solo quería comer un poquito de jamón, aunque solo fuera un momento…Pues bien , hoy he comido jamón, y puedo decir que no echo de menos el arroz.

Recomendar este viaje sería algo redundante, y para qué mentir, me gusta tener la exclusividad. De todas formas estoy deseando que alguien decida que el mundo se le ha quedado pequeño y coja un avión hasta 7 horas en el futuro e invitarle a que visite unos países donde nunca te vas a sentir incómodo,  inseguro o foráneo.  Da igual qué país sea, en cualquiera tienes un montón de chinos hablando de forma estridente. Y un verdadero consejo sería que se cerrara la guía de vez en cuando, que no se escuche la opinión de otros viajeros, y así no dejar que te cuenten el peliculón del Sudeste Asiático.

Todo al final ha salido perfecto, el porqué, no lo sé, pero seguro que ha sido porque iba yo con mi pedazo de sentido de la orientación, porque hablábamos el bendito idioma anglosajón que abre las puertas de donde ni siquiera sabías que había puertas, o quizá que las ganas de disfrutar eclipsaban a las de fracasar. Aunque ayuda el viajar con alguien que disfruta tanto de cada piedra, cara, foto, playa, broma patética y donde el dormir con la luz de mi ipod encendido porque estoy viendo padre de familia no sea un problema,  viajar con alguien que es como tú en tantos sentidos, y a la vez lo suficientemente diferente como para poder discutir y tener algo de qué hablar durante 4 meses. Se me quedan muchas cosas qué decir de mi compañero aunque estoy seguro que nos quedan más viajes juntos, gracias por ayudarme a descubrir un poco más de mundo.

Un abrazo a todos, gracias por leernos durante tantos meses, nos hicisteis creer que hacíamos algo inmenso.

Javi

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Hong Kong…el mejor final

febrero 14, 2010

Han pasado 103 días desde que nos embarcamos en este viaje. Escribo desde la planta 20 en un rascacielos de un hotel de la isla de Hong Kong. Que lejos quedan ya las aldeas de Laos, o aquellas playas de la isla de Tiomán en Malasia. Creo que no había forma mejor de culminar nuestro viaje que con Hong Kong, el Manhattan asiático.

La primera sensación al llegar a esta densa metrópolis es; que bien, aires occidentales por fin, mientras tu cuello se rompe de mirar arriba sin cesar para alcanzar la punta de los edificios que se funden con las nubes de esta antigua colonia británica. El ambiente inglés se respira a cada paso que das, aquí los coches circulan por la izquierda, las líneas de las calles son como en Gran Bretaña, los carteles anglosajones dejan atrás la locura idiomática china, e  incluso el olor me recuerda a Oxford Street. Aunque es inevitable comparar y destacar la similitud con la ciudad de Nueva York.

Pasear por esta ciudad sin dinero, es  como para volverse loco. Al igual que en su gemela Manhattan, ser pobre en Hong Kong se paga caro. Después de estar comiendo en Camboya, Tailandia y Laos por 3 euros, aquí es casi imposible hacerlo por menos de 15. También habíamos oído la gran competencia y oferta de productos electrónicos, baratos outlets, etc. Pues bien, nada de eso es cierto. Es verdad que hay un porcentaje inferior de precios respecto a nuestro país, pero insuficiente como para cargarlo en un viaje tan largo.

Pese a la decepción en cuanto a compras, Hong Kong me ha ofrecido la mejor panorámica de un skyline de una ciudad que he visto en mi vida. Observar la isla desde su opuesta al caer la noche es sencillamente, indescriptible. Estoy seguro que las fotos jamás podrán captar un ápice de lo que contemplas desde ese paseo, que aquí llaman, el “paseo de las estrellas”, ya que en su suelo, como en Los Ángeles, están plasmados buena parte de los artistas chinos más famosos. (famosos para los chinos claro,  porque yo no conocía ni a Peter Griffin)

Mañana sale nuestro vuelo con destino a otra ciudad ya tan conocida por mi, la acogedora, lluviosa, emocionante y fría Londres.

Solo quedan 20 minutos para el nuevo año, me asomaré a la ventana que seguro que esta ciudad me sorprenderá. Un abrazo a todos, y feliz año del Tigre.

Javi

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Lost in Translation

febrero 14, 2010

Ya entiendo mejor la frase de “ a mi eso me suena a chino”, la gente en China no entiende ni papa de cristiano, y comunicarte en este lugar es un incordio. Lo que antes pedir un billete de tren al siguiente destino era algo relativamente rápido y sencillo, ahora es todo una odisea.

Hemos tenido la suerte de coincidir con el año nuevo Chino, al principio pensamos, madre mía que afortunado somos, y sin planearlo ni nada. Pues bien, al ver las colas de la estación para comprar el billete decidí que mejor hubiera sido en cualquier otra época del año. Allí simplemente, se habían pasado la noche plantando chinos, y por la mañana voila.

Más tarde nos enteramos que es en esta época cuando exclusivamente el país se ralentiza, es ahora que los trabajadores descansan durante casi un mes que duran los festejos del año nuevo. Y por consiguiente mil millones de chinos se mueve al mismo tiempo, creando el caos más absoluto. De cualquier forma, la suerte hizo que una adolescente en la cola de los billetes hablara inglés, la cual exprimiríamos hasta tener en nuestras manos los preciados tickets hasta la siguiente ciudad china.

Nanning, es una ciudad bastante anodina al sur del China, pero con un desarrollo que casi lo ves día a día. Pasear por sus grandes avenidas es agotador, ya que recorrer una pequeña distancia en el mapa se convierte en kilómetros viendo chinos sin parar. De repente dejamos de ver guiris, un negro ahí me habría parecido primo hermano. La gente nos miraba a cada paso, y como hay tantos, nos miraban constantemente de arriba abajo, sin ningún tipo de pudor ni vergüenza.

Cuando nos hubimos cansado de ver tiendas (tiendas de chinos como las de Madrid, pero en cada esquina), nos dimos cuenta que el subsuelo de esta enorme ciudad,  contenía una metrópolis subterránea repleta de tiendas, restaurante… lo que a mí personalmente casi me mata. Solo quería llegar a mi chino hotel y reflexionar sobre lo que había visto ese día y así darme cuenta que mañana dejaremos de comer hamburguesas de Mcdonalds para comer Noodles y wantung.

La otra ciudad que visitamos estaba a 3 horas de la “frontera” con Hong Kong. La todavía más grande Guangzhou. Esta ciudad es enorme. Es tan grande que me da pereza contar algo de ella. Así que no lo voy a hacer. Si queréis saber de ella mirad el Wikipedia. Aunque seguro que hasta a ellos les parece soporífera.

Javi

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HANOI

febrero 13, 2010

Motos, motos y más motos. Cruzar la calle es jugarte la vida, los taxistas te timan sin contemplaciones, las aceras son para las motos, y para los tenderos ambulantes.

Ya empezó mal nada más llegar.  Fuimos timados por un taxista y nos cobró más del doble y eso no era todo, para variar reservamos por Internet y al soltar las cosas en el hall del hotel nos dicen que hay overbooking, mi cara después de la cheateada del taxi y de decirnos la gran noticia, fue un poema. La solución consistió en meternos en otro hotel de la cadena y para ello meternos en un taxi que me negué a pagar (con 2 timos a la hora es suficiente, gracias)

Al día siguiente nos cambiamos de hotel a otro más barato y sin overbooking.

No hay nada bonito en esta ciudad, así que no esperéis que diga alguna lindeza de esta sucia, ruidosa, e inamistosa urbe.

Si alguno se le ocurre venir, intentar que no sea la última ciudad de Vietnam que visitáis, ya que os quedaréis con un mal e irreal sabor de boca. El resto del país es algo que merece ser visto y vivido. Así como una de las maravillas del mundo, la Bahía de Halong.

Así pues nos dijimos, al menos se podrá comprar cosas para regalar y tal… error. La ropa es fea fea, que se la ponga el rojo que lidera el país, porque yo no. Lo mejor sin lugar a dudas fue una tienda que encontramos casi por casualidad justo una hora antes de coger el tren que nos llevaría a China. Se trataba de una tienda de DVD’s la cual albergaba toda clase de películas piratas pero con acabado muy muy profesional, dotándoles de un aspecto que encontraríamos en la Fnac. Allí fue cuando Hanoi tomó razón de ser para mi, todas las temporadas de Friends por 5 euros, todo Lost (hasta el momento) también por 5 euros y un extraño dvd que contenía con gran maestría todas las películas de nuestro compatriota Pedro Almodóvar, ¿quién da más? Esa tarde Hanoi nos dio un respiro, y el viaje a China en tren nocturno pudimos amenizarlo con una buena sesión de cine español protagonizado con una Penélope Cruz, comos siempre, espectacular. Pasado los días me doy cuenta que tenía que haber comprado más DVD’s. Dammit.

Ahora hemos dejado atrás Vietnam, aunque esta vez sin ninguna pena, ya que tenemos por delante el gigante asiático y la gran Hong Kong.

Bueno, os dejo que tengo ganas de contaros algunas cosas de los chinos.

Javi

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La bahía de Halong

febrero 11, 2010

Me acuerdo de estar sentados en una cafetería e imaginar que este viaje quizás podría hacerse realidad. En nuestras conversaciones aparecían entre nervios aquellos lugares en los que soñábamos estar, la bahía de Halong siempre fue uno de ellos.

Para quienes no les suene demasiado el nombre quizás se acuerden del sitio imaginando a Goku saltando entre pequeñas montañas a través del mar. Desde luego que no hay mejor sitio que éste para relajarse y recobrar fuerzas para próximas batallas.

A bordo de un barco recorrimos durante dos días el impresionante paisaje de la bahía. Más de tres mil islitas de todos los tamaños y formas trazan un sendero a través del mar con una magia increíble.

Después de la decepcionante Hanoi, ruidosa, caótica y nada hospitalaria, la bahía de Halong nos permite dejar atrás Vietnam con muy buen sabor de boca.

Ahora le toca el turno a la gran reina de Oriente, China. Estaremos pocos días pero seguro merecen la pena. Ya os contaremos, ésta vez con un poco más de detalle.

Un abrazo enorme

Fran

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Una mañana en el mercado

febrero 6, 2010
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Costa Este de Vietnam

febrero 6, 2010

Apenas me caben las piernas en este microbus con dirección Hanoi. Volvemos de haber pasado 2 días en un barco en mitad de la bahía de Halong, impresionante, pero veo que la comodidad la hemos dejado en el puerto.  Al menos tengo espacio suficiente para el portátil.

Imagino que habréis notado que cada vez hay más espacio temporal entre entrada y entrada, eso es debido a que cada vez estamos más cansados. Han pasado ya 3 meses y medio, y claro, es normal que el físico se resienta y la motivación por descubrir cada rincón del lugar al que llegamos no sea la misma. Eso no quiere decir que no sigamos disfrutando de cada minuto pero si es verdad que ya todo esfuerzo cuesta un poquito más.

Hace algo más de una semana, pasamos varios días en la costa este de Vietnam, en un pueblo llamado Nha Trang. Pasamos grandes ratos sin hacer nada en la playa, visitamos algunos templos y quizás lo más extraño de todo, marcándonos la horterada de visitar un megaparque de atracciones, el “Vinpearl”. Tenía un aire al tívoli en sus mejores tiempos pero mucho más completito ya que una parte era en plan Aquapark (playa artificial incluida), y por otro el típico parque con los cacharritos. Nos lo pasamos como niños, al menos hasta que las pistas blandas dejaron de ser blandas para convertirse en cuchillas asesinas destroza-espaldas.  Tuvimos la posibilidad de visitar un aquarium gigante, consistía en una cinta transportadora que te deslizaba por un túnel de unos 100 metros cubierto de agua por todas partes (como el de Valencia) que albergaba toda clase de especies acuáticas, fue muy interesante y bonito.  Además el parque se encontraba situado en una isla y tanto para ir como para volver tenías que montar en un teleférico, recorriendo unos dos km a través delmar, con unas vistas increíbles.

Otro día nos fuimos de excursión por las islas en un barco lleno de gente joven, solo nos costó 6 dólares, y al viaje no le faltaba un perejil. Incluso tuvimos karaoke multilenguaje para no dejar ninguna nacionalidad sin pasar vergüenza en medio de la cubierta. A nosotros nos tocó desgañitarnos con “La Bamba”. Fue divertido, conocimos a mucha gente, quizás un poco anodina , pero allí estaban, y había que hablar (nada que ver con nuestro viaje de hoy).

Después de pasar varios días en la playa, viajamos en tren hasta uno de los más interesantes y bonitos pueblos que hemos visitado en este viaje. Hoi An, este pueblo se adentra en una ría y a solo 15 minutos en bicicleta alcanzas el mar. En esta zona la playa no está mal, aunque es en el centro de la ciudad donde la comida, el ambiente de las tiendas de trajes a medida  y simplemente sus calles con mucho encanto, no te dejan indiferente. Es una experiencia en si misma tomarte un café vietnamita (un café muy concentrado con mucha leche condensada) en una de las múltiples terrazas de su bonita ría. Aún mejor en la noche, cuando se encienden las mil lamparitas chinas de colores que iluminan el pueblo.

Aquí estuvimos varios días hasta que decidimos volar a Hanoi con Vietnam Airlines. El vuelo fue uno de los mejores que he tenido, sorprendiéndonos muchísimo. El avión era enorme, y el vuelo de una hora y poco ni siquiera lo notamos. También es normal que tras 3 meses cogiendo todo tipo de trenes y autobuses en Tailandia, Laos , y Cambodia, el avión me pareciese un trago de agua fresca en medio del desierto.

Me doy cuenta que a medida que avanzamos, nuestras necesidades occidentales parecen ir en aumento. Amamos más que nunca nuestra comida, nuestro mercadona, nuestros cafés llenos de leche, nuestros colocaos, nuestro veloz Internet, nuestro armario, nuestra lavadora, jaja, supongo que es normal después de tanto tiempo con la maleta a cuestas.

Mañana ya tiramos para China y comenzamos con la cuenta atrás que nos llevará de vuelta a casa.

Un abrazo grande y gracias por la espera!

Javi y Fran