Es momento para una reflexión, momento para un resumen o quizá solo para recordar un viaje que intentaré no olvidar nunca.
Empezó como una idea loca en la cabeza, pero finalmente se materializó sin a penas darme cuenta. No voy a decir que ahora estoy volviendo a la realidad ya que por suerte aquello fue tan real como la morriña que ahora siento al escribir este último post.
Hoy me acordaba de la guapa adolescente que vendía postales y mapas en la costa de Vietnam, hubiera pasado desapercibida si no hubiera tenido problemas mentales, pero los tenía y nos quisimos morir de la pena cuando intentaba pulsar las teclas del ipod para indicarnos cuánto valía el mapa que le compramos. También de la niña laosiana que volvía del colegio andando mientras sus compañeros lo hacían en bicicleta. Y qué hay de la anciana del hotel en Phuket que no vendía nada, vivía en el suelo de aquel vestíbulo mirando la tele sin fin. Que rabia, del vietnamita que nos timó por aparcar la bici en la calle, o del policía corrupto en Cambodia que nos pidió un dólar por llevar las luces encendidas. Mucha gente, muchas casas de huéspedes, muchos hoteles, muchas motos alquiladas y muchos alquiladores de motos, miles de regateos, e infinita sensación de timo. Palmeras gigantes en Malasia, campos de arroz sin fin en Camboya, cientos de peces de colores, una mujer alemana casada con un italiano, hablando inglés con acento de Meryl Streep en memorias de África, nadie nos pronunció la isla de Ko Lanta como ella lo hizo. Y qué decir de la “fully Booked” , la malaya que nos intentó timar repitiendo una y otra vez que todo estaba lleno, es decir, todo estaba fully booked. Esas holandesas quemándose al sol en la jurásica isla de Tiomán, donde atravesar la selva fue una aventura que repetiría incluso antes de terminar esta frase, el calor sofocante de Singapur, la angustia en las islas Perhentian porque un inminente monzón llegaría en horas, y la alegría de pisar tierra poniendo fin a nuestra ansiedad. A mi el chino me taladra la cabeza, me parece de lo más estridente. Llegó el momento de aborrecer la comida asiática, solo quería comer un poquito de jamón, aunque solo fuera un momento…Pues bien , hoy he comido jamón, y puedo decir que no echo de menos el arroz.
Recomendar este viaje sería algo redundante, y para qué mentir, me gusta tener la exclusividad. De todas formas estoy deseando que alguien decida que el mundo se le ha quedado pequeño y coja un avión hasta 7 horas en el futuro e invitarle a que visite unos países donde nunca te vas a sentir incómodo, inseguro o foráneo. Da igual qué país sea, en cualquiera tienes un montón de chinos hablando de forma estridente. Y un verdadero consejo sería que se cerrara la guía de vez en cuando, que no se escuche la opinión de otros viajeros, y así no dejar que te cuenten el peliculón del Sudeste Asiático.
Todo al final ha salido perfecto, el porqué, no lo sé, pero seguro que ha sido porque iba yo con mi pedazo de sentido de la orientación, porque hablábamos el bendito idioma anglosajón que abre las puertas de donde ni siquiera sabías que había puertas, o quizá que las ganas de disfrutar eclipsaban a las de fracasar. Aunque ayuda el viajar con alguien que disfruta tanto de cada piedra, cara, foto, playa, broma patética y donde el dormir con la luz de mi ipod encendido porque estoy viendo padre de familia no sea un problema, viajar con alguien que es como tú en tantos sentidos, y a la vez lo suficientemente diferente como para poder discutir y tener algo de qué hablar durante 4 meses. Se me quedan muchas cosas qué decir de mi compañero aunque estoy seguro que nos quedan más viajes juntos, gracias por ayudarme a descubrir un poco más de mundo.
Un abrazo a todos, gracias por leernos durante tantos meses, nos hicisteis creer que hacíamos algo inmenso.
Javi

























































